No se pinta para representar algo. Se pinta para permitir que algo se manifieste. Una experiencia inmersiva de pintura intuitiva donde lo interior toma forma en lo visible.
Pintar con el Alma no es simplemente crear un cuadro. Es un proceso de escucha, presencia y transformación. Nace de la idea de que el arte puede vivirse no como técnica o performance, sino como un espacio donde lo interior toma forma en lo visible.
No buscamos representar. Nos abrimos a percibir lo que pide ser visto, lo que vive bajo la superficie del pensamiento.
El gesto creativo nace del momento. Cada movimiento es una oración silenciosa, una forma de habitar el cuerpo.
El lienzo se convierte en espejo. Lo que emerge revela, libera, integra. El arte como rito de paso interior.
Sentimos la importancia de describir lo que todavía hoy permanece dentro de nosotros: la energía, la calma… un vacío lleno.
El día anterior, mientras preparábamos el espacio, se percíbía el deseo de encajar cada elemento de forma auténtica y armónica. Crear juntos aquel espacio artístico y energético fue inspirador y constructivo.
La mañana de la práctica fuimos al mar. Entramos al agua, respiramos, observamos cada detalle. Cuando sentimos el equilibrio correcto, volvimos a casa listos para presentar por primera vez al público la práctica… pintar con alma.
En muchos momentos sentí que ya no estaba guiando la práctica: yo era la práctica. Bastaba una mirada para comprender la conexión anímica que estábamos viviendo. Un regalo con sabor a libertad.
Espíritu Creativo nació desde la experiencia. Desde la presencia. Desde el alma.
— Simone
Cada práctica nace de la elección de un tema personal, simbólico o energético. Una puerta de acceso al proceso creativo.
Sonidos, silencio, respiración. Creamos un círculo donde el cuerpo se relaja y la mente se rinde a la escucha.
Sin proyecto, sin juicio. La pintura fluye desde el cuerpo, las manos hablan lo que las palabras no alcanzan.
Compartimos. Cada obra cuenta. Lo que ha emergido en el lienzo se convierte en mensaje, en regalo.
Cada obra es la huella de un instante de presencia. Un fragmento de alma hecho color, materia, luz.
Tierra, Agua, Fuego y Aire. Cuatro lenguajes que nos habitan, cuatro puertas hacia la materia y el espíritu. Una serie de obras que dialogan con las fuerzas elementales del ser.
Pertenencia, materia, presencia.
Emoción, escucha, entrega.
Voluntad, creación, transformación.
Visión, libertad, conciencia.
Las sesiones se realizan en grupos íntimos o de forma individual. Escríbenos para conocer las próximas fechas o reservar una experiencia privada.